Al llegar al aeropuerto del Bajío, el Papa Benedicto XVI expresó con claridad el objetivo de su visita a México de tres días (23 a 26 de marzo 2012): "Deseo confirmar en la fe a los creyentes en Cristo, afianzarlos en ella y animarlos a revitalizarla con la escucha de la Palabra de Dios, los sacramentos y la coherencia de vida. Así podrán compartirla con los demás, como misioneros entre sus hermanos, y ser fermento en la sociedad, contribuyendo a una convivencia respetuosa y pacífica, basada en la inigualable dignidad de toda persona humana". Éste es el hilo conductor que siguen las cinco intervenciones oficiales del Santo Padre en su visita: confirmar la fe del pueblo católico para que esta fe se viva en verdad y actúe como fermento en la sociedad mexicana. Para situar sus mensajes en la realidad nacional, el Papa tuvo que prepararse y hacer una síntesis de lo más relevante de nuestra situación como mexicanos. En lo positivo y valioso, subrayó la raigambre de fe católica del pueblo, su devoción entrañable a la Madre de Dios, la savia de sus raíces cristianas y tradiciones, y la alegría y hospitalidad de los mexicanos. "La fe católica ha marcado significativamente la vida, costumbres e historia de este Continente", dijo. En ese sentido se vio una sintonía alegre y entusiasta del pueblo que siguió la visita -en vivo o por televisión- y el Papa y sus acompañantes. Pero en la síntesis de la realidad nacional, consciente de que es en ella donde tiene que hacerse viva y actuante la fe, el Papa también remarcó los aspectos dolorosos, sufrientes y preocupantes en el país, y lo hizo en todas sus intervenciones. Lo dijo con las siguientes expresiones textuales: sufrimientos por antiguas y nuevas rivalidades, resentimientos y formas de violencia; despotismo y fuerza del mal, someter a los demás por la fuerza o la violencia; marginarlos por la fuerza, el poder o la riqueza; tinieblas que ofuscan y atenazan; acontecimientos presentes que parecen insuperables; situaciones insoportables, oscuras y sin futuro; niños en sufrimiento, abandono, violencia y hambre; mentalidad utilitarista que sacrifica a los más débiles e indefensos. El Papa subraya una situación en México de mal y violencia, y afirma que es en esta realidad donde la fe cristiana ha de ponerse en práctica, no "una fe superficial y rutinaria, a veces fragmentaria e incoherente", sino una fe en Jesucristo "que ayude a promover audazmente la paz, la concordia, la justicia y la solidaridad"; como "una convicción profunda, convirtiéndola en una actitud del corazón y en un compromiso concreto de caminar juntos hacia un mundo mejor" avanzando sin desfallecer en la construcción de una sociedad cimentada en el desarrollo del bien, el triunfo del amor y la difusión de la justicia"; en "un esfuerzo solidario, que permita a la sociedad renovarse desde sus fundamentos para alcanzar una vida digna, justa y en paz para todos. Para los católicos, esta contribución al bien común es también una exigencia de esa dimensión esencial del evangelio que es la promoción humana, y una expresión altísima de la caridad"; porque "la fe, en efecto, crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y gozo". Por ello, "junto a toda la humanidad, la Iglesia tiene que revivir y actualizar lo que fue Jesús: el Buen Samaritano, que viniendo de lejos se insertó en la historia de los hombres, nos levantó y se ocupó de nuestra curación... Ser hombre es ser hermano y guardián del prójimo". El Santo Padre ha pedido a los católicos mexicanos vivir una fe en Jesucristo que apunte a una dirección y se traduzca realmente en caridad, justicia, bien común, vida digna, paz; nos ha convocado a vivir como Iglesia Samaritana, en servicio de la humanidad necesitada, y ha invitado a los pastores a estar del lado de quienes son marginados por la fuerza, el poder o la riqueza. Vemos que el Papa quiso insertar su invitación a la vida cristiana en los que él ve son los desafíos más graves y dolorosos de la realidad mexicana; por eso omitió otros asuntos que, aunque serios, no tienen la misma relevancia para la vida de las mayorías, como pueden ser la legislación sobre libertad religiosa en México o la pederastia. Delante de Dios y de la realidad social mexicana, él eligió prioridades, aunque no dejara conforme a los grupos que deseaban que abordara aquellos temas. Creo que entre todas las intervenciones del Papa en su visita hay una que es como su minuta de enseñanzas, y donde él mismo resume en forma breve, sencilla y catequética los puntos centrales de su invitación a vivir la fe. Curiosamente está en el mensaje a los niños, en la Plaza de la Paz de la ciudad de Guanajuato, el sábado 24 de marzo. El que los destinatarios sean los niños no quita que también lo sean los adultos, y más los catequistas, agentes pastorales y los mismos pastores de la Iglesia. Está ahí su "decálogo", en el sentido original bíblico: no como algo que se manda sino como las palabras al pueblo de Dios en México, para que encontremos la vida verdadera. Son éstas: 1. Dios quiere la felicidad de todos* 2. Dios nos conoce y nos ama* 3. La aceptación de Jesús y su amor pueden cambiar el corazón humano* 4. Cambiar el corazón es el secreto de la felicidad* 5. La paz es fruto del cambio del corazón y el deseo de Dios para todos* 6. La tarea cristiana es ser sembrador y mensajero de la paz por la que Jesús entregó su vida* 7. El discípulo responde buscando y haciendo el bien, no el mal, y sirviendo a la unidad.* 8. Dios quiere escribir en cada vida una historia de amistad* 9. Jesús amigo nos invita a amar siempre a todos y a hacer el bien* 10. El trato frecuente con Jesús anima siempre, incluso en las situaciones más difíciles.* 11. Todos hemos de trabajar unidos por un mundo mejor, en paz, sin envidias ni divisiones* 12. No hay edad para en todo amar y servir* Este decálogo centra lo fundamental de la enseñanza del Papa para nuestra fe, y nos ayuda a no perdernos en otros temas (doctrinales, morales, litúrgicos, etc.) que a veces como católicos ponemos por encima de lo fundamental. El Papa mismo había enunciado esta síntesis de la fe cristiana al comienzo de su intervención en la Conferencia de Aparecida (mayo 13 de 2007), y aparece también en el Mensaje final de la Conferencia latinoamericana. Ahí los podemos releer. El mensaje del Papa Benedicto en México creo que merece de nosotros una profundización que nos lleve a encarnar la fe en la vida, y una vida que sea digna, justa y en paz para todos.
Enrique Perez-H.